Dolores (de cabeza a causa de mis dudas) existenciales.

Últimamente he estado en esa fase de la vida en que dudo hasta de lo que tengo puesto. Las preguntas chocan en mi cabeza creando un enorme remolino que amenaza, como todos los monstruos, en terminar con su misma creadora. Y es que, ¿estoy segura de lo que estoy haciendo? ¿Economía fue una buena elección de carrera? ¿Y si al final de cuentas no es lo que esperaba? ¿Y si algo pasa y no llego hasta el final?

Los cuestionamientos son parte de la vida misma, de eso estoy segura; ¿pero realmente tienen que atormentarme en este momento? Estoy por empezar mi segundo semestre universitario y en la cúspide de todo el proceso electivo de maestros y materias, llega una pregunta a golpearme en el estómago y sacarme el aire: ¿realmente quiero estudiar economía? El problema con este tipo de preguntas es que no existe una línea del 01-800-dudas-existenciales a la cual pueda marcar y que una adorable operadora me diga qué hacer o cómo hacerlo. El problema con este tipo de preguntas es que te quitan el sueño, te hacen perder la mirada en el techo y terminas despertando a tus mejores amigos por WhatsApp para que calmen un poco tu desazón (después de que tu mente ya no da para más The Flow Game, obviamente). 

Me gustaría pensar que el final de esta entrada tiene algún comentario optimista a lo: “pero entonces, mientras el aire corría y me alborotaba el cabello, la verdad acarició mi rostro y me di cuenta que sí, economía era mi pasión en la vida”; pero la verdad es que no. La verdad es que sufro de dolor de cabeza por dormir poco y mal, le pregunto a todo el mundo: “¿crees que la economía sea lo mío?” y me la paso corriendo en círculos mentales por todo el proceso de reinscripción por el que estoy pasando, pero hombre, esa es la vida y no hay otra opción más que vivirla. 

Al final del día sé que descubriré si la economía es mi pasión con el paso de los semestres. Sé que no me llegará un golpe celestial contestando mis preguntas y que siempre habrá un ápice de desazón en mi interior. Pero al menos sé que voy por buen camino porque cada que llego a mi facultad, cada que reviso mis materias, cada que me preguntan “¿dónde estudias?” y yo respondo: “en la Facultad de Economía de la UNAM” sé que no me imagino en ningún otro lugar.