Razón 3.

Sigue llenando este minuto de razones para respirar.

Mario Benedetti.

RAZÓN TRES.

Porque eres el orgullo de tus padres.

Imagina que ya tienes a Gabo un hijo. ¿Cómo crees que te vas a sentir la primera vez que lo veas gatear? Hablar, correr, andar en bicicleta, ir a preescolar, todo eso. Como un padre orgullo, ¿qué no? Ahora ponte en el lugar de tus padres. ¿Crees que todas esas noches de desvelo donde no podías terminar tus tareas hayan valido la pena ahora que ven como su hijo, ya convertido en todo un adulto, sale a perseguir su sueño? Los padres son la mayor bendición que nos da la vida. Ellos dicen que son los hijos, pero eso sólo demuestra que es un amor recíproco que no podemos esconder. Los padres son esas entes hermosas que nos preparan sopita cuando estamos enfermos y nos llenan de abrazos cuando queremos amor. Los que acuden a nuestra recámara antes de dormir y besan tu frente, deseándote (casi asegurándote) lindos sueños (porque ellos están ahí cuidándote). Son los que pasan horas y horas en largas jornadas de trabajo para darnos todo lo que necesitamos. Las buenas calificaciones en nuestro caso no son opcionales, son obligatorias al ver la manera en que ellos ponen todo su empeño en nosotros.

Como padres debe ser enormemente satisfactorio para los tuyos la manera en que has salido adelante durante todo el proceso del intercambio. Frustrante, un poco, al ver la manera en que el estrés te ataca y ellos no pueden hacer más que estar ahí para ti. Recuerdo que hace un tiempo, cuando estaba por terminar el bachillerato, tuve varias noches en que me desvelaba hasta las 3 o 4 de la mañana (siendo que me despertaba a las 5am para ir a la escuela). Al principio mamá me decía: “no tomes café, te hará mal…” pero por esos tiempos ella me preparaba mis tazas de café y lo dejaba en el escritorio diciendo: “…es lo menos que puedo hacer” antes de quedarse en el sofá dormida, esperando a que yo terminara mi trabajo. Cuando todos nos fallan, cuando nosotros mismos perdemos las esperanzas, ellos están ahí. Y es por ellos que debemos luchar.

¿Recuerdas cuál fue uno de tus deseos aquella ocasión en la que hablamos? ¿El querer sacarlos del país? Mantén eso en mente cuando creas que ya no puedas más. Cuando el estrés te agobie y lo único que quieras hacer sea renunciar, piensa en ellos y sigue adelante. Ellos hacen que valga la pena seguir respirando.

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