It’s time to begin, isn’t it?

It’s time to begin, isn’t it?
I get a little bit bigger, but then I’ll admit
I’m just the same as I was
Now don’t you understand
That I’m never changing who I am.

I. Viviendo sola.

Cuando las personas piensan en independizarse, creen que probablemente será el cambio más importante de su vida. Well, guess what? It is. Sobre todo si ese cambio viene a los dieciocho años. Hollywood nos vende una realidad en la que todos los jóvenes universitarios parten de casa al terminar el bachillerato y hay dormitorios en sus respectivas escuelas que les esperan con los brazos abiertos para acogerlos en sus cuatro o cinco años de carrera. Para los latinoamericanos eso es como una utopía inexistente porque a menos que vayas a un internado, aquí los dormitorios universitarios sólo los conocemos en las películas americanas. Pero aun así, abandonar casa después del bachillerato no es imposible. ¿Cómo lo sé? Porque yo acabo de dejar la mía. No fue el gran drama digno de un libro JohnGreenesco, pero sí lloré más de lo debido en la despedida que me organizó mi familia. Aun así, toda esa tristeza y la añoranza que comenzaba a sentir no podían opacar la emoción que sentía: iba a estudiar en la universidad de mis sueños. Pero ya llegaremos a eso en el punto II. Vivir sola es… extraño. Sientes un aspecto de libertad tremendo. Y creo que por más irresponsable que seas, te obligas a ser una persona adulta cuando dices: “okay, tengo hambre pero no pienso gastar todo mi dinero en McDonalds o Burger King, es hora de ir al super y cocinar comida de verdad”. Es una rutina a la que te acostumbras en pocos días. Levantarte sola en una casa que no es aquella en la que creciste, salir a la escuela y escuchar cómo todos tus compañeros hablan de lo que les espera cuando lleguen a casa, sabiendo que a ti te espera la gratificante soledad. Ir al supermercado con tu carrito, olvidándote de los Froot-loops para comprar una caja de cereal que es imitación a esa, pero cuesta la mitad del precio. Es comprar jabón de baño, jabón para lavar trastes, platos, vasos, utensilios de cocina y pensar: ¿qué compraré para comer que no me genere tanto gasto y que no me intoxique con mis deplorables habilidades culinarias? Es saber que si no te gusta lo que cocinas, bad luck, buddy, es todo lo que hay y morir de hambre no es una opción. Pero al final del día, es caminar por la calle con “It’s time” de Imagine Dragons sonando en tu mente, sabiendo que diste el paso que muchos temen dar. Sabiendo que no eres completamente independiente porque aún te mantienen tus papás, pero que cuando llegue el tiempo de serlo, el miedo de salir al mundo por tu cuenta ya no estará ahí.

II. Por mi raza hablará el espíritu.

Cuando entras a la UNAM, entras a un mundo aparte. La Universidad Nacional Autónoma de México es una de las mejores escuelas del mundo; la Ciudad Universitaria en México, DF es considerado patrimonio de la humanidad por la UNESCO y… Dios santo, es todo lo que había soñado durante mis dieciocho años de vida. Ni siquiera tengo palabras para empezar a describir lo que significa estudiar en la autónoma de mi país. Es un sueño hecho realidad, es andar por los pasillos de mi facultad agradeciendo a Dios las magníficas bendiciones que ha derramado sobre mí al darme una oportunidad como ésta. Es escuchar todos los beneficios que tenemos como estudiantes de la UNAM y maravillarme de todo lo que tengo al alcance de mi mano. Nos lo han repetido una y otra vez durante las conferencias: “aquí les brindamos todo de manera gratuita, es cosa de que ustedes extiendan la mano y lo tomen”. Una biblioteca en cada facultad, la biblioteca central siendo increíblemente espectacular, los jardines, la convivencia, los eventos sociales, culturales, artísticos, deportivos, la bolsa de trabajo, los intercambios estudiantiles, las becas, los servicios de transporte gratuito, los museos, los eventos nacionales, los partidos de fútbol americano y soccer. Es despertar cada mañana con el grito de “¡GOYA!” entre los labios y lamentarse al notar que muchas de las personas que están ahí ni siquiera notan lo afortunados que son al estar en una universidad como esa. No sé qué será de mis cinco (o más) años en la UNAM, pero sé que aprovecharé cada minuto de ellos, porque el esfuerzo que se esta realizando para que yo estudie en esa universidad es impresionante. Las horas de estudio, de tortura psicológica sin saber si sería seleccionada o no en el examen de admisión, los constantes viajes a México, el vivir en una ciudad desconocida… todo eso vale la pena cuando llegas a tu facultad y ves la posibilidad de hacer historia en la mejor universidad del país.

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