Whenever you’re sad, stop being sad and be pretty instead.

Por razones que no mencionaré, he pasado los últimos dos/tres días deprimida. (Es por un chico, por supuesto, ¿por qué más?). Pero deprimida al nivel de ver El Diario de Bridget Jones y llorar a ritmo de «¡voy a morir sola y sin amor!» mientras como galletas, helado y todo lo que encuentre a mi paso y contenga chocolate. Estaba de pésimo humor y cada que alguien me hablaba terminaba por mandarlos al demonio y seguir con mi tristeza hasta que ésta me abrumaba y me dormía. Y si a eso le suman que estoy leyendo los libros de David Levithan y lo único en lo que puedo pensar es que jamás tendré la clase de amor que él describe, estoy bastante jodida.

O lo estaba hasta hace como tres horas que me decidí a parar. ¿Por qué seguir llorando? Las lágrimas no van a hacerme sentir mejor, al contrario, lo único que harán es sumirme más en mi miseria hasta que esté tan enterrada en ella que no pueda salir jamás.

Siempre he pensado que la tristeza es producto de la imagen que tenemos de nosotros mismos. Si despreciamos nuestro físico, nuestra manera de ser o nuestra manera de pensar, jamás terminaremos de aceptarnos y por ende, tendremos la tendencia a deprimirnos con más frecuencia. Así que para ser feliz (o al menos estar tranquila sin preocuparme por morir sola con cuarenta gatos imaginarios), debo cambiar todo aquello que me molesta.

  • ¡Hora de recuperar la linea! Puede que haya sido culpa de la temporada de fiestas, pero he comido más de lo que debería. Nunca he sido excesivamente estricta con mi alimentación, pero desde que empecé a entrenar con mi equipo de volleyball sí he cuidado algunas cosas. Así que es hora de volver a mi antigua alimentación. La que me hace sentir bien, ligera y activa. Suficiente chocolate porque “ay, es navidad, esta permitido” o porque “estoy deprimida y ésto me hace feliz”. Me hace feliz por diez segundos, sí, pero el arrepentimiento posterior es terrible.
  • Recuperando mis actividades. Deprimirse en vacaciones es lo peor que le puede suceder a una persona, no cabe duda. Se junta al hecho de que no estoy viendo a mis amigos todos los días en la escuela, que no estoy yendo a entrenar y que lo único que hago es ver tv, leer y estar en la pc; así que todos mis pensamientos se quedan rebotando en mi cerebro. Es hora de recuperar mis actividades, ir a entrenar, empezar una nueva clase de baile, volver a asistir a la escuela y llenarme de cosas que no me permitan preocuparme por cosas y relaciones que en unos años sólo serán recuerdos.
  • Consintiéndome de la buena manera. Ya tuve suficiente de consentirme con pasteles y refresco. Es hora de consentirme de otra manera. Tomar largas, largas duchas en las que dedique más de diez minutos a mi cuerpo. Exfoliar mi piel, rasurar mis piernas a conciencia (y no en cinco minutos antes de ir a la escuela), aplicar mascarillas a mi rostro y un par de tratamientos a mi cabello. Una de las partes más importantes para salir de una depresión es mirarte al espejo y no ver tristeza en el reflejo, sino ver a una persona llena de vida y preparada para salir adelante ante cualquier tribulación.

Éste es mi año. Lo voy a disfrutar y no me voy a dejar aplastar por sentimientos que dictan otras personas. La única persona responsable de mi felicidad, mi tristeza, mi angustia y mi diversión soy yo. Así que cada que esté triste, dejaré de estarlo y haré lo que necesite para volver a sentirme bonita y contenta.

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