The Five-year (never-ending torture) engagement.

Ni siquiera voy a negar que de vez en cuando soy de esas personas que ven una película porque su portada me llama la atención. Lo mismo me sucede con los libros y por más que intento corregirlo, de vez en cuando caigo en la tentación. Eso fue lo que me pasó con ésta película. Emily Blunt me fascinó desde que la conocí en Devil wears Prada, y a Jason Segel lo tengo en alta estima por su actuación en How I met your mother que es una de mis series de comedia favorita en toda la historia de mis comedias favoritas. Pero como bien dicen, a veces dos positivos no dan otro positivo. (O algo así, soy pésima con las frases y demás).

The Five-year Engagement es una película que trata de una pareja que se conoce en una fiesta de disfraces (ésto te lo remarcan un montón) y comienza cuando él le propone matrimonio a ella. Ella, por supuesto, acepta, comienzan los preparativos, la hermana de ella y el mejor amigo de él tienen un amorío y para no hacer la historia más larga, la hermana se embaraza y ellos (hermana + mejor amigo) se casan primero. (Ni siquiera me memoricé los nombres, eso explica lo mucho que me encantó la película, sólo sé que Jason S. se llama Tom y Emily B. es Violet).

Después sucede que Violet debe irse a Michigan para estudiar su maestría en psicología y por muchas razones del destino, pasan cinco años sin que puedan casarse. (A éste punto de la película yo ya me había cansado de escenas absurdas que en lugar de ser graciosas eran extremadamente aburridas). Así que (¡gracias a Dios!) se separan, él regresa a San Francisco y ella se queda en Michigan. Ah, por cierto, él es chef y mientras estaba en Michigan no podía ejercer, más drama profesional, blá. Aquí es cuando dije: Bendito Dios, es de esas películas que no tienen un final feliz con la boda cliché antes de los créditos. Pero oh, sorpresa, aun faltaba media hora de film, así que volví a tirarme al sillón y me preparé mentalmente para la tortura que vendría después de ésto.

Así que ya que se separaron se extrañaban mucho, blablablá, él va a buscarla hasta Londres (porque a Emily le es prácticamente imposible ocultar su hermoso y perfecto acento británico y hace que todos (o al menos la mayoría) de sus personajes sean británicos) porque falleció su abuela, se reconcilian (ni siquiera eso me llenó de algún tipo de emoción) y sorpresa: vuelven a proponerse matrimonio el uno al otro.

El final es bueno, eso sí tengo que aceptarlo. Sí, termina en boda, pero es una boda muy original. Aparte de que me enamoré de la idea de tener una banda de jazz marca Nueva Orleans tocando en la ceremonia. Tendré que apuntarla para dentro de unos años en que yo esté pensando en boda. Pero en fin, fue una película tediosa, cansada, con malas actuaciones y falta de química en los personajes. Lo único bueno me parece que es el mejor amigo de Tom (interpretado por Chris Pratt) cantando “Cucurrucucu paloma” en su boda y al final. No la recomiendo pa-ra na-da. (Sí, es tan mala que separo las palabras en sí-la-bas).

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