Crazy little thing called love.

Enamorarse en la enfermedad del siglo. Qué digo del siglo, de la jodida existencia de la tierra. Estoy bastante segura de que los nómadas dejaron de ser nómadas porque uno de ellos se enamoró de equis tipa que le dijo: “quedémonos aquí” y bam, hola, sedentarismo.

No quiero estar enamorada, enserio. Mi vida era cuatro mil veces mejor cuando podía llegar a casa a la hora que fuera sin tener la necesidad de conectarme a facebook para ver si él había tenido algún movimiento. Ir a la escuela era completamente sano cuando podía pasar por los salones ajenos sin girar la cabeza como la niña del exorcista al escuchar que dicen su nombre o ver su mochila a lo lejos. La vida era mucho mejor cuando él no estaba cerca.

Hombre, creo que era una persona más interesante cuando podía (y quería) hablar de otra cosa que no fuera él. Ahora siento esa incesante necesidad de sacar su nombre en todas las conversaciones que mantengo con otra gente y sonreír como idiota cuando otra persona lo asocia conmigo. Es extraño, pero lamentablemente, no lo odio como quisiera. Porque el calorcillo en la boca del estómago y la sensación de bienestar que me provoca el siquiera tenerlo cerca es el sentimiento más vivificante que conozco. El siquiera verlo sonreír me hace sonreír a mi también, y creo que me callaré porque ésto se esta llenando de romanticismo y esa no era la idea.

Sólo espero que ésta fase termine pronto porque ya no sé qué hacer de mi vida.

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