I met my soulmate in the wrong time.

El vestido era como una caricia a su piel. Sus dedos le recorrieron una vez más hasta llegar a la tela cubriendo sus muslos y alzó la mirada para ver el reflejo que la observaba desde el cristal. ¿Cómo es que había llegado a ese punto de su vida en que estaba esperando que un coche de ciudad arribara a la puerta de su hotel para llevarla al ópera? Antes de que una respuesta pudiera llegar a su mente escuchó tres golpes firmes a la entrada de su habitación y alzó el mentón, preparándose mentalmente para lo que estaba a punto de suceder.

Al girar el pomo y abrir la puerta pudo ver a su cita esa noche. El cabello oscuro se mezclaba con esos mechones grises que gritaban sabiduría y años vividos. Essy intentó sonreír con soltura, pero su rostro parecía paralizado por el momento y por los sentimientos inciertos que convertían su estómago en un torbellino de náuseas y desazón. Asintió con tranquilidad cuando escuchó el «te ves hermosa esta noche, Estelle», y a pesar de haber murmurado un «gracias», no puede estar segura de que él lo haya escuchado.

Se dejó escoltar hasta el carro de ciudad y hasta el imponente salón de ópera una vez que llegaron al lugar. De haber sido otro día, con otra compañía y más tranquilidad, probablemente se habría detenido a la mitad del lobby para mirar al techo y girar sobre sus talones, dejando que el mundo entero desapareciera mientras ella se sumergía en la imponente arquitectura que parecía crecer por sí misma.

Pero ese día era diferente. Ese día estaba faltando a todos los principios que alguna vez se había impuesto. Estaba sosteniendo el brazo de un hombre al que conocía de sólo unos días, luciendo un vestido que ni con todo el dinero de sus padres podría haber comprado. Su vida se había convertido en una completa mentira y temía que fuera muy tarde para redimirse y volver al lugar al que pertenecía.

Porque en Houston se estaba mejor, ¿sabes? Con todo y la pobreza, se estaba bien. Era lo que se podría decir feliz con su educación moderada y las canciones que él le susurraba al oído. Él. ¿Dónde estaría Jack en ese momento? Tal vez con una  guitarra en un bar de luz tenue que hiciera ver su cabello más oscuro de lo que realmente era. Probablemente se tomaría una copa con alguno de los hombres que los habían visto crecer a ambos y regresaría a casa para cerrar los ojos y suprimir las memorias de ambos hasta que un día desaparecieran.

Lo que definitivamente no esperaba era verlo con una camisa blanca, un moño negro sobre el cuello y los pantalones que uniformaban al resto de los asistentes en aquél lugar. Essy alzó el rostro, sólo para volver a bajar la mirada de inmediato. Cuando su acompañante acarició sus nudillos con los labios y preguntó si todo se encontraba bien, no pudo más que asentir y mostrar una leve sonrisa. No, nada estaba bien, pero dudaba que pudiera explicárselo en cuestión de minutos cuando había tardado toda una vida para comprenderlo por sí misma; y si más tarde decidió ignorar los dedos de Jack que rozaron su espalda cuando la llevó hasta su asiento, bueno, la culpa no era de ella. Era del destino.

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