Nosotros. Parte 1.

La mayor parte de las veces, las historias de amor comienzan con sonrisas de doble significado y toques que parecen superficiales. La nuestra fue diferente desde un principio. Yo no me toqué el cabello de manera nerviosa para llamar tu atención; decidí prestarte mi libro de biología porque tú habías olvidado el tuyo en casa. Aun puedo recordar tu ceño fruncido y tu mueca de incomodidad mientras movías las bancas para estar más cerca de mi. Ese día la maestra te llamó la atención por haber olvidado tu libro, tú solo reíste de manera nerviosa y pediste una disculpa prometiendo que no volvería a ocurrir. No tienes ni idea de cuánto llegué a amar esa risa.

Ahora me gustan las atenciones que en ese entonces tenías conmigo. Por aquellos días solo me separaba incómoda. Yo fui la que hizo el primer movimiento, porque tus miradas y silencios no hacían más que afirmarme un hecho que no quería admitir. Te gustaba. ¿Quieres saber un secreto? Tú me gustabas más. Nos hicimos novios mediante una carta que ni siquiera tuve el valor de escribir por mi cuenta. Nos besamos por accidente y por presión del resto de nuestros amigos. Y terminamos a los siete días. (Sí, los conté, ¿tú no?).

Odiaba verte llegar con ojos llorosos a la escuela y pretendía considerarte una nena llorica cuando en realidad solo me maldecía por ser tan insensible. Regresamos en vacaciones y te volví a terminar antes de entrar a clases. Te sonreía cuando estábamos juntos y era de esas chicas estúpidas que me acercaba a ti cuando otra niña parecía interesada. Intentaba estúpidamente llamar tu atención y lo peor es que la conseguía. ¿Por qué dejaste siempre que fuera yo la que llevara el control de la situación? ¿Por qué cuando te preguntaban por mi te sonrojabas y apartabas la vista? ¿Por qué siempre fuiste tan obvio con tus sentimientos? ¿Por qué no supe valorar un amor que tuve desde los primeros meses de conocernos?

¿Por qué lo extraño ahora? ¿Por qué te extraño a ti?

¿Por qué escribo ésto?

No, no me contestes. No podría escuchar la honestidad que siempre acompaña a tus respuestas. No podría soportar escuchar de tus labios respuestas que solo puedo suponer y nunca conseguir.

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